Un domingo normal en Noruega: buscando rebozuelos con Ingrid
Mi amiga Ingrid me llevó a un pinar noruego a buscar rebozuelos como quien va a por el pan. Oro del bosque, una cesta llena y mantequilla, ajo y tostada.
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Mi amiga Ingrid me recogió el domingo por la mañana, me dio una cesta y unas botas de agua dos tallas más grandes y nos fuimos en coche al bosque. Sin grandes anuncios. Nada de “¿lista para la aventura?”. Solo: vamos a por rebozuelos y luego comemos.
Por lo visto, esto es un domingo normal en Noruega. Yo estaba emocionadísima. Ella, tranquilísima. Ese fue el resumen del día, la verdad.
Entre pinos
El bosque era de esos que yo solo conocía por las películas. Pinos altísimos, el suelo cubierto de un musgo tan gordo que parece que pisas un colchón, arándanos por todas partes y ese olor a tierra mojada y resina. Por la mañana hacía tanto frío que se me veía el vaho, y luego el sol empezó a colarse entre los árboles y todo se volvió dorado.
Ingrid se mueve por el bosque como yo por Lavapiés. Sabe dónde está todo. En un momento se paró, señaló el suelo y dijo “ahí”. Miré. Vi musgo. Volvió a señalar. Y de repente los vi: unas trompetitas naranjas escondidas bajo el musgo. En cuanto ves una, ves diez.
“Tú busca las naranjas”
Esa fue toda su explicación. Ay, suena facilísimo. No lo es. Durante la primera hora cualquier hoja naranja me parecía una seta, y me hice ilusiones con unas cuantas. Pero a la hora de comer ya tenía una cesta en condiciones y entendí por qué los llaman el oro del bosque. Hasta huelen un poco afrutados, como a albaricoque.
Ingrid también me enseñó lo que importa más que encontrarlos. Los rebozuelos tienen parecidos, y ella revisó uno por uno todos los que cogí antes de meterlos en la cesta: los pliegues bajo el sombrero que bajan por el pie en vez de láminas de verdad, el color, el olor, cómo se rasgan. Todo lo que a ella no le convencía volvía al suelo, sin discutir.
Así que, por favor, esta es mi parte seria: coge solo setas que conozcas al cien por cien, o ve con alguien que las conozca. Una amiga experta, una asociación micológica, una salida guiada. Ninguna seta bonita merece un disgusto en urgencias. Ante la duda, se queda en el bosque.
Algo más que conviene saber: en Noruega existe el allemannsretten, el derecho de libre acceso, que permite pasear por el bosque y coger setas y bayas para consumo propio. Ingrid me lo explicó con muchísimo orgullo. En España, en cambio, la recogida de setas está regulada y cambia según la comunidad autónoma y el monte, así que infórmate antes de salir.
Comida a la noruega
Nos sentamos en una roca con un termo de café y bocadillos de queso marrón, que es dulce y sabe un poco a caramelo, y no esperaba que me gustara tanto. El sol en la cara, nadie alrededor, y yo pensando: mira, así es como debería sentirse un domingo.
Mantequilla, ajo y tostada
Esa noche cocinamos los rebozuelos como siempre los hace la familia de Ingrid. Nada complicado, porque no les hace falta. Primero sartén en seco para que suelten el agua, luego mantequilla, un poco de ajo, sal, pimienta y todo encima de una buena tostada. Hay cosas tan ricas que no quieres añadirles nada, y esta es una de ellas.
Mamá seguramente le echaría guindilla. Papá los metería en una arepa. La próxima vez pruebo las dos. Pero esa noche, en una cocina calentita y con el bosque todavía pegado a las botas, la versión sencilla fue perfecta.
La mini receta la tienes aquí debajo. Takk, Ingrid. Por las botas, por la paciencia y por revisar cada una de las setas.

Receta · De inspiración nórdica
Un domingo normal en Noruega: buscando rebozuelos con Ingrid
- Raciones
- 2 personas
- Preparación
- 10 min
- Cocción
- 10 min
- Total
- 20 min
Ingredientes
Elaboración
- Limpia los rebozuelos con un pincel suave o un trozo de papel de cocina seco, quitando la tierra y las agujas de pino. Lava solo los que estén muy sucios, rápido, y sécalos bien. Abre los grandes por la mitad a lo largo y deja enteros los pequeños.
- Calienta una sartén sin grasa a fuego medio-alto. Añade los rebozuelos con una pizca de sal y cocínalos 4–5 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que suelten el agua y esta se evapore.
- Mientras, tuesta el pan hasta que esté dorado y crujiente.
- Añade la mantequilla a las setas. Cuando haga espuma, echa el ajo y cocina 1–2 minutos más, removiendo, hasta que el ajo huela dulce y los rebozuelos estén dorados por los bordes. Que no se queme el ajo.
- Salpimienta, añade las hierbas y unas gotas de limón. Reparte sobre las tostadas y riega con la mantequilla que quede en la sartén. A comer enseguida.
Notas
- Cocina solo setas que tú o una persona experta hayáis identificado con total seguridad. Ante la duda, no se cogen.
- Saltear primero las setas en seco evita que queden blandurrias. La mantequilla va cuando ya han soltado el agua.


